Qué bueno es Bono

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Bono ha pedido disculpas por los abusos cometidos contra los empleados de One, la ONG que fundó en 2004. Los hechos tuvieron lugar en la oficina de Johannesburgo. Gayle Smith, directora de la ONG, ha explicado que «la investigación aportó evidencias de una conducta no profesional y, en particular, de lo que definiría como intimidación y menosprecio al personal entre finales de 2011 y 2015 en nuestra oficina de Johannesburgo». Entre las denuncias destaca la de una empleada supuestamente «degradada» a la posición de recepcionista tras negarse a seducir a un alto cargo del gobierno de Tanzania. En juego, una demanda multimillonaria, mientras la exdirectora de ONE en África, Sipho Moyo, acumula el grueso de las críticas. «Lo sentimos mucho», le ha dicho el cantante de U2 al «Daily Mail»: «Odio el bullying. No puedo soportarlo». Sus palabras han sido recibidas con el alborozo habitual. Bono es, desde hace años, objetivo directo de quienes denuncian su egolatría. No falta el recuerdo a los movimientos de la fortuna de U2, que en 2006 exilió parte de su entramado a Holanda para evitar la presión fiscal en Irlanda. También abundan las chanzas en recuerdo a según qué discursos suyos. No le perdonan el tacticismo. Que llegara a fotografiarse con George W. Bush o que haya aparecido por algunos de los principales foros del capitalismo global. Se habla menos de «Pride (In The Name of Love)» y «MLK», las dos canciones de U2 publicadas durante el debate por la posibilidad de que fuera festivo en EE UU el día del nacimiento Martin Luther King Jr. Tampoco suele comentarse la postura beligerante de U2 respecto a los pistoleros del IRA. Aquel discurso de Bono del 8 de noviembre de 1987, durante un concierto en Denver. Fue el día en que el IRA detonó una bomba en Enniskillen, Irlanda del Norte, y asesinó a 12 personas. Justo en mitad de «Sunday Bloody Sunday» un Bono indignado denunció a los inmigrantes irlandeses en EEUU, que idealizaban a los terroristas y enviaban dinero para financiar la causa. «¡Que le jodan a la revolución!», gritó Bono. El terremoto fue apoteósico. Incluyo amenazas de muerte. Miren, estará endiosado, y hasta cultivará rasgos de megalómano, y es posible que lleve lustros sin publicar un gran disco, pero que nadie le diga cobarde.