Confesión para «culpar» al niño

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Ana Julia Quezada enterró, en un agujero que había hecho con una pala, el cadáver de Gabriel Cruz, al que previamente había dejado sin sentido con el mango de un hacha y asfixiado para confirmar su muerte, según han informado a LA RAZÓN en medios próximos a la investigación. La Guardia Civil ha encontrado la pala. Después le desnudó y tras meterle en el agujero y taparlo con tierra y piedras, tiró las ropas en un contenedor en la urbanización de Retamar, entre Las Hortichuelas y La Puebla de Vícar.

El traslado del cuerpo, el pasado domingo, desde la finca a La Puebla de Vícar, al piso de un edificio de vecinos, respondería a la intención de descuartizar el cadáver e ir deshaciéndose de él poco a poco en contenedores y vertederos, según una hipótesis de los expertos.

Quezada habría conducido con engaños al niño, tal y como adelantó ayer este periódico, hasta la citada finca desde Las Hortichuelas. Bien durante el trayecto o en el solar, el menor, al sentirse en una situación que no controlaba, debió intentar escapar para volver a casa de su abuela (situada a unos cinco kilómetros) o se encaró con Ana Julia, momento en el que ésta le dejó sin sentido con el mango del hacha, le asfixió y enterró. Según algunas fuentes, Quezada, tras hablar con su abogada, ha llegado a decir que el que llevaba el hacha era el niño y que se golpeó él sólo en la cabeza. Se asustó, le asfixió y lo enterró.

Para tratar de completar todos los datos de la investigación, Ana Julia fue trasladada ayer a la finca de Rodalquilar para una reconstrucción de los hechos, ya que el relato que ayer efectuó ante los agentes en la Comandancia de Almeria tiene muchas lagunas, contradicciones y resulta poco creíble en algunos puntos, como el de la autolesión accidental del niño con el hacha.

Se trata de que explique in situ todo lo que ocurrió con el niño el pasado 27, cuando se lo llevó de Las Hortichuelas; cómo sucedieron los hechos; el lugar del enterramiento (al parecer, cerca del pilón que existe junto a la vivienda), etcétera.

La mujer ya fue trasladada a esta localidad el lunes durante un registro de la finca. Otro de los puntos que visitó la comisión judicial es el contenedor de basuras en el que tiró la ropa del niño, a las afueras de Almería.

Mantener, como al parecer ha declarado Quezada a la Guardia Civil, que el asunto se le fue de las manos y ocurrió lo que ocurrió en medio de una «discusión» con el niño, poco menos que contra su voluntad, carece de sentido: ¿por qué se llevó al menor a la finca cuando éste quería ir a casa de sus primos a jugar?, ¿por qué ha ocultado el crimen si fue algo accidental? Y todo ello, con el agravante del enterramiento.

Actuó sola

La Guardia Civil tomó ayer declaración, durante dos horas, a Ana Julia Quezada, que estaba asistida por una abogada de oficio. Ante las preguntas de los agentes, terminó por «derrotar», como se dice en el argot policial y, al menos, según ha trascendido, contó la citada versión de los hechos que ofrece muchas dudas. Ante un niño que ha perdido el conocimiento, ¿lo lógico es asfixiarle y enterrarle? En cualquier caso, reconoció que actuó sola. Según su abogada, el interrogatorio duró cerca de dos horas y respondió «a todas las preguntas», sin poder más detalles al estar declarado el secreto de sumario.

La letrada Beatriz Gámez ha asegurado a preguntas de la prensa, tras abandonar la Comandancia de la Guardia Civil, que Ana Julia se ha prestado a «colaborar» con los agentes. Asimismo, aseguró que ayer fue la «primera vez» que los especialistas le habían pedido que hablara sobre lo ocurrido.

La Guardia Civil trabajaba contrarreloj para reunir evidencias, ya que hoy, antes de las 13:00, tiene que entregar a la detenida junto con las diligencias al juez. El magistrado ya tiene en su poder el informe de la autopsia.

Hasta Almería se ha desplazado el coronel Manuel Sánchez Corbí, jefe de la Unidad Central Operativa (UCO), al que se vio salir del registro practicado el lunes en la vivienda de Puebla de Vícar a la que se dirigía Ana Julia Quezada el domingo en el momento de su detención, cuando transportaba en el maletero de su coche al pequeño Gabriel.

Ayer, coincidiendo con la misa funeral que se oficiaba en la catedral de Almería, el coronel jefe de la UCO se desplazó a la finca de Rodalquilar, a unos cinco kilómetros al sur de Las Hortichuelas, dirección Almería.

Aunque el asunto ha sido declarado secreto por el juez instructor, los expertos que ha consultado este periódico indican que, al menos, por los datos conocidos, parece existir una cierta preparación de los hechos por parte de Quezada. No tiene otra explicación que interrumpiera el plan del niño que se dirigía a casa de sus primos, situada a 100 metros. Lo que ocurrió en la finca o durante el camino, sólo lo sabe ella. La versión de Ana Julia Quezada se cae por su propio pie.

La reacción de una persona que no tiene premeditado algo contra alguien, que para colmo tiene ocho años, ¿es golpearle con el mango de un hacha, asfixiarle y después enterrarle? Y para colmo, el ocultamiento de los hechos. Si ha sido un «accidente» se comunica y se afrontan las consecuencias. La auténtica actuación que se podría calificar de teatral, sino fuera por su dramatismo, durante los días que duró la búsqueda, con entrevistas llenas de llanto y fingido dolor, no hacen sino confirmar que estamos ante unos hechos que responden a un plan premeditado. El principal móvil, los celos que sentía por el niño, que sabía que la aborrecía.