María Dueñas: aquellas inmigrantes de los años 30

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Todavía perdura y algunos nietos le han dado un nuevo vigor. La Nacional mantiene desde hace 150 años su actividad como asociación de los españoles que emigraron a Nueva York, como una sociedad benevolente para tiempos convulsos que mantiene su sede en la calle 14, en pleno Manhattan, en el corazón de lo que un día fue el Little Spain. De ese tiempo quedan pocas cosas ya a pie de calle en la ciudad, pero hubo una vez que 30.000 españoles buscaban un futuro en la ciudad donde todo es posible. Esa es la historia que atrapó a María Dueñas («El tiempo entre costuras») y que está en el núcleo de «Las hijas del capitán» (Planeta), su nueva novela. «Mi anterior libro trataba sobre un hombre que vuelve a su tierra después de muchos años fuera. Y me quedé con las ganas de contar otra historia desde el punto de vista femenino, porque muchas veces se ha narrado la emigración española como algo que hicieron los hombres y que después trataban de llevarse a su familia si la cosa había ido bien. Pues yo quería contarlo desde otro punto de vista», comenta. Así que esta es la historia de las hermanas Arenas, que tendrán que hacerle frente a la más cruda realidad cuando su padre fallece y quedan a cargo de la pequeña casa de comidas El Capitán, precisamente ubicada en la calle 14. Con una tirada inicial de 500.000 ejemplares, “Las hijas del Capitán” será el gran lanzamiento de Planeta esta primavera en España y América Latina

La autora confiesa que no tenía claro que la novela fuera a ubicarse en Manhattan. «Pensé en muchos lugares, incluso en una inmigración interior. Me topé con un programa para llevar españoles a Australia por parte del Gobierno que quería repoblar zonas del país con católicos blancos. Se llamaba “Operación Canguro”, pero al final me decanté por Estados Unidos y por esta historia en Nueva York».

Para narrar los hechos, Dueñas ha tenido una colaboración inestimable, la de profesor Jim Fernandez, de la Universidad de Nueva York (NYU), descendiente de españoles e investigador de la herencia de sus antepasados en la Gran Manzana. «Jim ha sido vital para que el proyecto salga adelante. Y también lo ha sido los diarios de la época, como “La Prensa”, un periódico fundado por José Camprubí, hermano de Zenobia y cuñado de Juan Ramon Jiménez, que servía de vínculo a la comunidad hispana. Eran tiempos duros, donde el trabajador estaba desprotegido y había mucha competencia por ganarse la vida. Camprubí era un hombre con una fuerte conciencia social y ayudaba a los españoles, que eran gente del campo que en sus pueblos de origen no tenían agua corriente o las calles asfaltadas. Llegar aquí era un choque».

Estamos en 1936 y a estos peligros se enfrentan las hermanas Arenas, como abogados sin escrúpulos, corredores de apuestas clandestinas, aspirantes a boxeadores, cazatalentos miserables y vecinos y compatriotas dispuestos a tender la mano. Luz, la menor de las tres, tiene dotes de «artista» y tratará de ser una nueva Rita Hayworth, una estrella de los nuevos teatros del Harlem hispano como el Campoamor o el San José. Pero el fallecimiento del padre de familia pondrá las cosas más difíciles y dará entrada en escena a personajes siniestros. Porque la ambición de las hermanas es tomar la humilde casa de comidas de su padre y transformarla en un «night club» hispano a la moda de los tiempos. Sin embargo, un sucio abogado italiano las coaccionará y las Arenas necesitarán de la solidaridad de otros españoles.

Americanos de pleno derecho

La herencia española ha quedado muy diluída en la ciudad. «De forma colectiva, sí. Los descendientes de españoles ya están muy dispersos. Sin embargo, de forma individual, no es así. Ellos llevan a gala su herencia española y hablan su español y cocinan sus tortillas. Y si los hijos perdieron esa costumbre, los nietos la han recuperado. Se sienten muy americanos porque este país se lo ha dado todo, y lo son de pleno derecho, pero guardan su corazoncito español», comenta Dueñas, que se entrevistó con varias familias descendientes de españoles. Fue una emigración transversal, que dejó huellas que van desde el centro andaluz de Brooklyn a la Casa de Galicia o al Centro Vasco Americano de Cherry Street. Ferreterías, comercios de aceite, carnicerías y restaurantes y casas de comidas con nombres como La Gran España, Castilla o El Chorrito.

Personajes de la música como Carlos Gardel o Xavier Cugat aparecerán por la ciudad. «La guerra civil no aparece porque habría necesitado cuatrocientas páginas más. Porque aquí se vivió con una intensidad brutal. Mucha gente se solidarizó y recogían dinero para mandar a España», explica Dueñas. La autora ve un paralelismo de la historia con los inmigrantes que llegan a España hoy. «Viendo la historia no pienso en los jóvenes que se tienen que ir fuera a ganarse la vida hoy, sino más bien en los que llegan a vivir en nuestros barrios y con un sueldo modesto mantienen a la familia y mandan dinero a sus países de origen», explica.