Milos Forman ya vuela alto

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¿Por qué aparecieron en los años 60 una docena de fantásticos directores de cine en los países del Este sometidos al comunismo de la URSS? Sin duda por las escuelas de cine más creativas de posguerra: la FAMU Films School de Praga, y la Escuela de cine de Lodz, en Polonia, fundadas en 1946 y 1948. De la primera surgieron Milos Forman, Agnieszka Holland y Emir Kusturica. De Lodz, Andrzej Wajda, Jerzy Skolimowski, Krzysztof Kieslowski y Roman Polanski. La creatividad de esto directores emergió en aquellos años de hierro de la censura y la represión socialista, porque en esas escuelas se permitió, a partir de mediados de los años 50, la proyección de películas de Hollywood y una relación privilegiada con París y los festivales de cine de Cannes y Venecia, donde muchos de ellos triunfaron con sus primeras películas. La entrada de los tanques en Praga, durante la Primavera de 1968, puso fin al aperturismo. La diáspora de muchos de ellos les llevaron a París, durante Mayo del 68, y directamente al Hollywood que asaltaban los nuevos directores, fascinados por la Nouvelle Vague, el Free Cinema y los directores surgidos de esas dos escuelas de cine como Skolimowski y Polanski. Milos Forman pasó de París, donde preparaba una película, a EE UU, y aterrizó en Hollywood en el momento de mayor debilidad de los estudios tomados por los hippies, que fumaban marihuana, esnifaban coca y convertían los rodajes en un caos más parecido a una comuna que al organizado Ho-llywood histórico, imagen que refleja su primera película, «Taking off», titulada en España «Juventud sin esperanza» (1971). «Take off» significa «darse a la fuga», y en el argot juvenil «ponerse ciego» de droga. Dos temas de actualidad por entonces: la popularización de estas sustancias en las clases medias y los jóvenes que huían de una convencional vida y se hacían hippies. En el filme, una asociación de padres trataban de encontrar a sus hijos y acababan drogándose y haciendo intercambio de parejas. El filme seguía el tono de comedia de «Los amores de una rubia» (1965) –nominada al Oscar– y no fue un éxito, pero sí permitió al joven dirigir «Alguien voló sobre el nido del cuco» (1975), basada en la novela de culto de Ken Kesey. Una modesta producción que recaudó 20 millones de dólares. El éxito del filme de Forman fue absoluto. Kesey había experimentado con LSD y capitaneaba el grupo nuclear del hipismo de San Francisco «Los alegres Pillastres». Con las ganancias de su novela compró un autobús escolar y organizó un viaje a través de EEUU, promocionando el LDS-25 mediante los «Acid Test». Kesey había publicado el libro en 1962. El tema conectaba con la rebelión hippie que anunciaba y una de las tonterías más extendidas en la Universidad de Berkeley: la «tolerancia represiva» de Marcuse. Y con los viajes lisérgicos y la moda de la antipsiquiatría de Laing, en la que proponía «la locura como un viaje de liberación y autodescubrimiento». El psiquiátrico representaba el mundo familiar al que se oponía el movimiento contracultural, supuesto causante de la esquizofrenia juvenil, y la enfermera Nurse Ratched la represión del Sistema, inductora de la lobotomización del criminal McMurphy, rebelde contracultural.

En Hollywood, Milos Forman experimentó el «cinéma vérité», el estilo contrario al ideario del rancio realismo socialista, y con su éxito intelectual pasó a formar parte del Nuevo Hollywood de Jack Nicholson y Polanski; de Ford Coppola y Robert de Niro; de Dennis Cooper y George Lukas, en donde el éxito significaba hacerse millonario.

Fumetas, progres y hippies

S

u escasa pero rigurosa filmografía evidencia la calidad y singularidad de su obra. Parecía lógico que su siguiente producción fuera la ópera rock «Hair» (1979), pionera en el «Off Broadway» del nacimiento de la contracultura. Pero su adaptación al cine llegó tarde, cuando la ideología simplista de «Haz el amor y no la guerra» había periclitado y el hipismo era cosa de comedias de fumetas progres. Los hippies de Ragni y Rado, en plena efervescencia del punk y la New Wave, quedaban ridículos. En 1976, el productor Dino de Laurentis mantuvo una disputa con Robert Altman por el montaje de «Buffalo Bill y los indios» (1976). Decidió eliminarlo de la adaptación de «Ragtime» (1981), de E.L. Doctorow, y contrató a Forman, en pleno éxito de «Alguien voló sobre el nido del cuco», para dirigirla. «Ragtime» suponía un esfuerzo de recreación histórica del Nueva York de comienzos de siglo. Un filme colosal, de gran presupuesto, como las siguientes producciones de Milos Forman: «Amadeus» (1984), adaptación de la obra teatral de Peter Shaffer, y «Valmont» (1989), basada en «Las relaciones peligrosas» de Choderlos de Laclos. Después de «Amadeus», el cine histórico y musical ya no sería el mismo. La maestría de Forman seguía el realismo impuesto por «Barry Lyndon» (1975), de Stanley Kubrick: rigurosa reconstrucción histórica, rodaje con luz natural y fidelidad a la época y suntuosidad en la puesta en escena de las óperas de Mozart.

El guión de Shaffer, por el que le concedieron un Oscar, plantea la envidia de Salieri ante Mozart. Forman le añadió un tercer protagonista: la música. Hasta entonces, solo Ken Russell había dirigido con histerismo creciente biografías de músicos, entre el «biopic» populista y la permanente borrachera musical. A Ken Russell le gustaba subrayar los aspectos psicopáticos de los compositores y su vertiente homosexual. No hay duda que Shaffer se inspiró en esta moda para su pieza y Forman tuvo en cuenta el histrionismo de los personajes de Russell en la interpretación de Tom Hulce y su risa desagradable, dando a la obra musical la grandiosidad del barroco. Los exteriores de Viena fueron rodados en Praga. «Amadeus» es la obra cumbre de Forman, por la que ganó ocho Oscar, entre ellos al mejor director, aunque la película que mejor define su individualismo contestatario a favor de la libertad de expresión es «El escándalo de Larry Flynt» (1996), basada en la vida del director de la revista porno «Husler», en la que retrata los años 70 que él vivió, en plena revolución sexual. «Los fantasmas de Goya» (2006) rematan una filmografía de apenas trece títulos.