Ron Perlman: «Los líderes exageran nuestro odio hacia el otro»

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Ron Perlman (Nueva York, 1950) le hemos visto de monstruo benefactor o gigantón de corazón noble. Ha sido «Hellboy» y, también, el jorobado herético de «El nombre de la rosa», entre muchos otros papeles que hacen de él un emblema del cine fantástico. Ahora, cosas de la vida, ha recalado en el Festival de Málaga para presentar un trabajo que no es de género y en el que pone su propio rostro en pantalla. Interpreta a un radioaficionado estadounidense que en 1991 entabla una amistad con un cubano que, a su vez, contacta con un ruso varado en la estación espacial MIR. Se trata de «Sergio & Serguéi», una fábula con trasfondo real ambientada en la caída del bloque soviético.

–Resulta curioso verle en una película cubana. ¿Cómo se ha gestado esta colaboración?

–La posibilidad de experimentar el cine independiente como se hace en Cuba me atrajo desde el principio. Mi despertar político fue, de pequeño, con la crisis de los misiles y el embargo. Cuba se convirtió en un destino prohibido y pensé que nunca iría. Esta era la oportunidad.

–En el fondo «Sergio&Serguéi» es la historia de tres personas aisladas, de países enemigos, que están por encima del discurso de sus políticos.

–Nuestros líderes exageran mucho el odio que debemos sen-tir hacia el otro. Yo, esté donde esté, tengo conversaciones con gente inteligente e íntegra, pero mi Gobierno me dice que son monstruos y eso no es para nada verdad. Intentan manipularnos. El pueblo de Cuba es precioso y me siento mal porque no podamos ser amigos.

–Pero esa «amistad» ha oscilado bastante en los últimos tiempos.

–Empezamos a tener relación en la época de Barack Obama y la película, de hecho, se hizo durante su presidencia. Ahora, este monstruo (Donald Trump) ha tomado las riendas de la Casa Blanca y hace cosas en función de lo que odia, por ejemplo, a los negros. Ha decidido eliminar todo lo que Obama había hecho antes de que él llegara.

–«Sergio & Serguéi» se ambienta en el fin de la Guerra Fría. Actualmente la tensión entre Rusia y Estados Unidos, con Cuba entre medias, parece volver a elevarse.

–Los intereses de Putin pasan por aniquilar la democracia y el discurso libre. Por el lado opuesto, está el de Estados Unidos, donde hay un payaso en el poder, así que, en realidad, todos estamos fastidiados. Tenemos a lobos cuidando las gallinas.

–Hace un año anunció que se presentaría a las elecciones de 2020. ¿Es una provocación o lo piensa realmente?

–No veo a nadie con un plan que esté dispuesto a tomar una posición. Eso fue lo que me provocó a actuar como si fuera un candidato posible. La verdad es que yo no quiero ser presidente pero hasta que aparezca alguien que tenga una visión de Estados Unidos, alguien como Obama, que tomó en cuenta la grandeza del país y lo reflejó, actuaré como si lo quisiera. Eso es la democracia, no estar en el salón y que te lo entreguen en bandeja. Cada día espero poder cerrar Twitter, pero veo las noticias y no quiero que esta gente nos bombardee con sus ataques. Están vendiendo América para beneficiar la riqueza de un solo hombre.

–¿Habrá «Hellboy 3» con Guillermo del Toro?

–Esa página se cerró hace un año. Yo tenía ganas de terminar la trilogía, intenté reunir a las partes, pero había opiniones diferentes, se volvió incómodo. En lugar de hacer «Hellboy 3» he dado a Guillermo la posibilidad de hacer su mejor película, «La forma del agua».

–De sus múltiples caracterizaciones que ha afrontado en su carrera, ¿cuál ha sido la más dura de todas?

–Físicamente fue para rodar «Hellboy 2». Eran jornadas de 16 horas casi durante 7 meses, con ese traje de goma, y daba igual si hacía frío o calor, con solo tres o cuatro horas de sueño. Al final de la película parecía que tuviese 20 años más.