Walter Tavares: «Ahora juego sin pensar, antes dudaba mucho»

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Sus manos amasan el balón como si fuera un gigante de cuento. 2,21 de altura, 2,32 de envergadura, «Edy» Tavares (22-3-1992, Maio) es mucho más que el techo del Madrid que hoy arranca su serie de cuartos ante el Panathinaikos.

–¿Se pensó mucho dejar Estados Unidos?

–No porque no quería volver a la D-League –la Liga de Desarrollo de la NBA–. Tenía que pensar en el futuro, en estar estable en un sitio y en cuanto me llamó Pablo todo fue muy fácil.

–¿Qué le pidió el entrenador?

–Que jugara como sé, con energía, que intimidase mucho, que trabajase mucho en el rebote y que me iba a utilizar mucho. Me lo contó todo y estuve un rato largo hablando con él y me cayó muy bien. Me dijo que la ciudad era un muy buen sitio en el que había mucho que hacer.

–¿Es muy diferente el Madrid desde dentro?

–Es muy parecido a la NBA. Cuando jugaba contra ellos los odiaba porque pensaba que los árbitros siempre les pitaban las faltas a favor. Luego cuando llegué aquí fue todo al revés. Me dí cuenta que al Madrid no se le respeta tanto como se ve desde fuera.

–¿Es la vida más cómoda aquí que en Estados Unidos?

–Es mucho más fácil. En Estados Unidos todo el mundo va a su bola y aquí no. Allí con los jugadores americanos no había mucha más conexión que «hola, buenos días» y ya está. Los que venían de fuera eran más amigables. Te invitaban a comer, te invitaban a su casa, iba a ver béisbol… Aquí es una sensación más familiar, más agradable, todo el mundo saluda a todo el mundo y hay muy buena gente que se preocupa por tí. Aquí desde el primer día Felipe me acogió como un amigo más. No esperaba que fuera tan abierto. Y se aprende mucho con gente como él porque compite todos los días y da lo máximo siempre, aunque hay cosas como el instinto que tiene para el rebote que por más que intente aprender es imposible. Está siempre en el sitio donde va a caer el balón.

–¿En qué es mejor jugador ahora que cuando llegó?

–En anotación me siento mucho más cómodo. Ahora juego sin pensar porque antes siempre estaba dudando si lo estaba haciendo bien o mal. Ahora estoy más metido en el equipo porque todo el mundo quiere ayudarme e intenta explicarme todo para entender mejor el juego. En casi todos los errores que cometía siempre había tres o cuatro personas contándome lo que tenía que hacer.

–¿Es más fácil adaptarse en un grupo con tanto talento?

–Mucho más porque hay gente que sabe buscarte y que sabe pasar muy bien el balón.

–¿Qué le gusta más: taponar, intimidar, asistir, pasar…?

–Lo que más, los tapones y la intimidación. Hay jugadores que cuando están enfrente de mí parece que vienen, pero al final se dan la vuelta y pasan el balón. Cuando pones un tapón y la pelota termina en la grada es una sensación de poder grande. Hay pocos jugadores como yo, nadie quiere verme debajo del aro.

–¿Cómo se afronta la serie ante el Panathinaikos habiendo perdido el factor cancha?

–Será complicado porque pensábamos que lo teníamos casi garantizado. Hay que cuidar mucho los detalles que nos diga Pablo y a ver si conseguimos sacar el primer partido.

–¿Cuándo se da cuenta de que se podría ganar la vida jugando al baloncesto?

–En el segundo año en Gran Canaria ví que con trabajo y sacrificio podía llegar donde estoy hoy. Llegar allí era para mí una gran oportunidad y salió bien.

–Antes jugaba al fútbol y su ídolo es Cristiano…

–Al fútbol dejé de jugar porque al ser tan alto los pequeños me pasaban por todos los lados. Cristiano es mi ídolo por cómo trabaja todos los días, los sacrificios que hace, cómo se cuida y las ganas que pone.

–¿Qué pívot es su referente?

–Marc Gasol es el mejor del mundo y se pueden aprender muchas cosas de él. Tiene mucho talento y lo hace todo con mucha facilidad. Para ser un jugador tan alto, tiene muchísimos recursos.

–En Cabo Verde, en su país, tiene que ser más famoso que el presidente del Gobierno…

–La gente está muy orgullosa. Cuando llego a mi isla es como si llegara el presidente porque está todo el mundo esperándome con papeles con mi nombre, amigos de la infancia… Damos la vuelta a la isla entera pitando, como una caravana, y luego camino 10 kilómetros para llegar a casa de mi abuelo, que es donde empecé… Con sacrificio y esfuerzo todo es posible. Si con lo poco que he hecho están así, imaginad cuando haga algo más.

–Tiene dos años más de contrato aquí, ¿y luego?

–Pues si fueran más, mejor. Ahora no considero regresar a Estados Unidos.