Ursula Haverbeck: La «abuelita» que es un lobo pronazi

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Su imagen no despierta ningún tipo de lástima. A sus 89 años, su apariencia es serena y sin merma. Una anciana como cualquier otra. Inofensiva. Pero Ursula Haverbeck es todo menos eso. Desde hace años niega que el Holocausto tuviera lugar. Y lo hace por convicción, no por senilidad. «Los campos de exterminio nunca han existido», ha asegurado en multitud de ocasiones. «La muerte de seis millones de judíos no está probada». Minimiza las acciones de los nazis y se burla de sus víctimas. Por ello, fue condenada en repetidas ocasiones en Alemania, donde el negacionismo del Holocausto es un delito tipificado en el Código Penal. La última vez, el año pasado, a dos años de prisión. «La edad no protege contra el castigo, siempre y cuando uno tenga las cosas claras en la cabeza», dijo el juez al dictar sentencia. Y Haverbeck es mayor pero no reniega de sus convicciones. Ni lo hará. El veredicto fue determinante y el 2 de mayo la mujer debería haber empezado a cumplir su condena, aunque no se presentó. Algunos pensaron que habría huido. Pero no fue así.

La misma serenidad

Cuando las autoridades fueron a buscarla, la encontraron tranquilamente en su casa de la localidad de Vlotho, en el estado de Renania del Norte-Westfalia. Demostrando la misma serenidad de la que se hizo capa cuando en varios artículos para el periódico neonazi «Stimme des Reich» aseguró que Auschwitz no fue un campo de exterminio, sino tan solo de trabajo. La mujer, apodada por la prensa alemana como «la abuela nazi», había alegado defectos de forma en la sentencia dictada contra ella en agosto de 2017, aunque de acuerdo con el Tribunal de Celle, en el fallo emitido no se hallaron tales errores. Contra Haverbeck ya se habían dictado anteriormente seis condenas por negar el Holocausto, sea ante tribunales o a través de artículos periodísticos. Una larga carrera nacionalsocialista. Nacida en 1928, se graduó en Pedagogía y Filosofía y dirigió un centro de enseñanza ecologista y de extrema derecha llamado Colleguim Humanum, fundado en 1963 por su marido ya fallecido Werner Georg, quien fue cabecilla del partido nazi. En 2008 el gobierno alemán prohibió el colegio por difundir reiteradamente propaganda nacionalsocialista. Pero ella no se dio por vencida. En 2016, fue condenada a ocho meses de cárcel por enviar un escrito al alcalde de la ciudad de Detmold y un artículo a un diario en el que volvió a hacer gala de su manido negacionismo. Un año antes, la justicia también había dictado contra ella una pena de diez meses de prisión después de haber asegurado en una entrevista en la televisión pública alemana que «el Holocausto esla mayor mentira y la más duradera de la historia». Los abogados de Haverbeck sostuvieron ante los tribunales que los artículos de su defendida debían ser amparados por la libertad de expresión.

La mujer estuvo tan a menudo en la corte y repitió tantas veces sus tesis, que algunos desde la Prensa llegaron a hablar de su «gira por los tribunales». Reincidente nata, expresó asimismo su apoyo público a los antiguos guardias de los campos de concentración nazis y en 2014 presentó una denuncia policial contra el Consejo Central de Judíos de Alemania, acusándoles de «persecución de personas inocentes». Unos escándalos que, no obstante, sirvieron de contrapunto a la controversia y que aunque no pusieron en tela de juicio la dureza del Código Penal alemán para estas calumnias, llevó asimismo al ex juez de la Corte Constitucional Federal alemana, Wolfgang Hoffmann-Riem, a expresar sus dudas en 2008 sobre el significado del castigo de los negadores del Holocausto. Así es como creas «mártires», lo cual no es políticamente correcto, aseguró por aquel entonces el letrado. Es el caso de Haverbeck. Una mujer vehemente y que no se rinde, como la definen sus admiradores. La negacionista del Holocausto más famosa de Alemania es, para la extrema derecha germana, una auténtica heroína. Dondequiera que aparezca, generalmente en eventos nocturnos organizados por grupos neonazis, recibe flores y cálidas palabras. Alguien incluso le envió un ramo directamente a la corte. Los últimos tres procesos se sucedieron en apenas unos pocos meses y en dos ocasiones la lectura de la sentencia derivó en altercados protagonizados por sus seguidores. Un apoyo que ha crecido aún más con su ingreso en prisión. Tras un cordón policial, decenas de seguidores de extrema derecha vitorearon su nombre durante el fin de semana delante de los muros de la cárcel al mismo tiempo que una espontánea cadena de apoyo se desplegó a través de las redes sociales. Para ellos, que no son pocos, Haverbeck es algo así como el cañón de asalto de la libertad de expresión. Una buena alemana, tal y como dice alguno de ellos, o la «Madre Teresa de los camaradas de la derecha», como decía un cartel que portaba uno de sus adeptos.

En cualquier caso, su figura no se yuxtapone con la realidad social alemana donde el reflejo devuelve una objetividad que defiende o define como loca a la mujer. En su última aparición en un tribunal, Ursula Haverbeck entró al salón cual gran dama sube a su escenario. Iba bien vestida. Quizá con demasiado buen gusto para una mujer de 89 años. Alguien dijo que parecía una oveja por ir completamente vestida de blanco, a lo que un otro contestó que sería entonces el lobo disfrazado como en el cuento, que se viste de abuela, toca la puerta y devora a la niña. Puede que sea así.