Profesores de la URJC, sobre el máster de Cifuentes: “No entiendo de dónde nace esa impunidad; es una anomalía”

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CARLOTA CHIARRONI

Campus de Vicálvaro de la URJC

En los pasillos de los diferentes campus de la URJC no se habla de otra cosa. Es el tema del día desde que a finales de marzo se destapó el escándalo del máster de Cristina Cifuentes. Los alumnos lo comentan con hartazgo, indignación y miedo: temen que su título se vea devaluado. Se les prometió un birrete que a día de hoy parece tener menos valor en el mercado laboral. Pero a ellos nadie les ha regalado nada, como repiten de forma incansable en las manifestaciones.

Buena cuenta de ello pueden dar los docentes de la Universidad, que hablan del asunto con total y absoluta sorpresa. Nadie entiende cómo ha podido suceder algo así. “Sí, me extrañó absolutamente”, cuenta a este medio José Cabeza, profesor de Guion Audiovisual. “Sientes vergüenza de que la URJC esté manchada cuando es un caso, mientras aquí trabajan tantísimas personas. No entiendo que alguien se atreviera a falsificar firmas ni de dónde nace esa impunidad. Esto es una anomalía”.

A pesar de llevar 14 años impartiendo clase, este es el primer curso que lo hace para alumnos de Máster, un puesto con funciones más “exigentes” que el de Grado. “Me duele que esto de la Universidad se vea como quien va al parque de atracciones. Hacer un máster es como un viacrucis. Están llenos de normas, tenemos nuestra burocracia”. De ahí, que le parecieran inverosímiles las explicaciones que se dieron sobre el máster de Cifuentes. En primer lugar, porque el cambio de notas conlleva un escrupuloso protocolo que solo permite al docente y, en ningún caso al personal de secretaria —cuya labor consiste simplemente en conceder la autorización—, destruir el acta original, hacer uno nuevo con la rectificación y poner la nota en el sistema. “Aquí no se reconstruye nada, eso es un eufemismo. Aquí se destruye y se hace uno nuevo”, asegura.

Centros con mayor independencia y en paralelo

Ese proceso no lleva mucho tiempo. “No conozco a nadie que haya cambiado la nota a los 2 años. Es inverosímil porque hay que publicarla de nuevo para que la vea el alumno y se quede tranquilo”. Otro de los asuntos que llamó la atención de Cabeza es que de todos esos pasos hay que dejar constancia siempre vía email. Hay, como mínimo y según cuenta, un intercambio de 3 correos con el alumno. “Me paso el 30% del trabajo escribiendo emails. ¿Ninguno de los 10 o 14 profesores que hay en un máster tiene correos de Cifuentes?”. Por ello considera “muy inusual” lo que “quieren hacer creer que pasó”. “No me lo creo yo ni nadie”, comenta con contundencia. “Todos tenemos unas normas que seguir pero ellos funcionaban con un método que nadie entiende”.

Esa manera de proceder del Instituto de Derecho también sorprende a Roberto Barbeito, profesor de Sociología desde hace casi dos décadas en la URJC. Precisamente él lleva años denunciando que puedan surgir, en paralelo a la Universidad y desde la legalidad, centros con mayor independencia. “Llevo años denunciando los riesgos de no someter la actividad académica al escrutinio público y los riesgos que conlleva. Este tipo de situaciones [escándalos como el máster de Cifuentes] son factibles porque se trata de institutos que se sitúan fuera del control orgánico de la universidad y no rinden cuentas”.

Sostiene, además, que hay un “problema muy serio de independencia del profesorado universitario y de las condiciones de trabajo” debido al poco número de plazas que se han convocado en los últimos años. “Si algo necesita la universidad es independencia material y unas vías lógicas, claras y transparentes. En cualquier caso, es un caso extraordinario, nos deja atónitos a todos”.