Han se queda solo

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No hay que resucitar a los muertos. La prueba está en las imágenes de “Han Solo: Una historia de Star Wars”, que, proyectadas en la sala Debussy del Festival de Cannes, parecían bocetos de una película disecada. Tal vez la culpa sea de una producción especialmente accidentada: Ron Howard llegó al proyecto después de que los directores que habían empezado a rodarla, Phil Lord y Christopher Miller (“La Lego Película”), fueran despedidos por “diferencias creativas” que tenían que ver con el tono de comedia que querían imprimirle a la historia. Howard, que volvió a filmar el ochenta por ciento del material rodado, nunca ha sido un cineasta creativo, pero su visión de las aventuras juveniles del carismático piloto del Halcón Milenario resulta especialmente lamentable.

La filiación de la saga de “La guerra de las galaxias” con el cine serial estaba escrita en el libro de estilo de George Lucas. Sin embargo, “Han Solo: Una historia de Star Wars” se parece más a un ‘exploit’ de serie Z que a cualquiera de las películas del ‘reboot’ lanzado por J.J. Abrams. Escenas mal iluminadas, que a menudo oscurecen rostros y gestos, como disimulando un presupuesto mal aprovechado; el tratamiento monocromo de algunas secuencias, que apaga la riqueza visual de un imaginario en constante expansión; escenas de acción que parecen robadas del metraje desechado de ‘space operas’ de los ochenta, como “Galáctica” o “El abismo negro”; un insípido Aiden Ehrenreich incapaz de hacernos olvidar la socarrona interpretación de Harrison Ford… y un argumento que, previsible hasta decir basta, se dedica a pasar las cuentas del rosario de la nostalgia (¿cómo se conocieron Han Solo y Chewbacca? ¿cuándo empezó Solo a pilotar el Halcón Milenario?) para satisfacer a los fans irredentos de la saga. Peor es cuando se pone inventiva: el romance entre Lando Calrissian y un robot coqueto saca los colores del crítico más predispuesto.

La película intenta contagiarse de la dimensión jovial, algo gamberra, del personaje, sin lograrlo en ningún momento. Poca broma: en ella se fragua el ADN de Han Solo y de la lucha de la Resistencia contra el Imperio. Es un cóctel de géneros: manda el de aventuras, pero también hay ecos del western –en la escena de un duelo bruscamente abortado-, del cine de gángsters –el villano interpretado por Paul Bettany, el mafioso caracortada que ha seducido a la fuerza al interés romántico de Solo, Qi’ra (Emilia Clarke)- e incluso del cine de atracos (la misión en que se embarca Solo y sus colegas, con una poderosa fuente de energía como botín). Resulta curioso que, tocando tantas teclas, Howard sea incapaz de transmitir ninguna emoción que no sea el tedio. Temblando estamos pensando en el spin-off sobre Obi Wan Kenobi que se estrenará el 2019.