«Hey, bro! Hipster show»: El azote de los hipsters

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Autores: Alberto Gálvez y Rafael Maza. Dramaturgia: Alberto Castrillo-Ferrer y Rafael Maza. Director: Alberto Castrillo-Ferrer. Intérprete: Rafael Maza.Teatro Alfil. Madrid. Hasta el 27 de junio de 2018.

Con la inestimable colaboración en la dramaturgia del director Alberto Castrillo-Ferrer –uno de los más solicitados en los últimos tiempos en el circuito comercial–, Rafa Maza ha concebido un monólogo teatral a su medida, a modo de «One Man Show», en el que da cabida a toda su versatilidad artística como actor cómico, imitador, músico o incluso malabarista. Si en «Solo Fabiolo» colocaba la diana de sus dardos en el colectivo de los pijos, ahora la ha movido ligeramente de sitio para apuntar con decisión a los hipster –que no dejan de ser, en realidad, una variante más contemporánea y desenfadada de los pijos de siempre–. «Hey, bro! Hipster show», que así se llama el espectáculo, sigue los pasos de Andy, un cargante tipo que presume de su creatividad, su barba, su original gusto y su conocimiento de la tecnología y las nuevas tendencias, en un alocado viaje a Nueva York para conocer a una de sus más adoradas gurús: la cantante Björk, con su artificioso «nihilismo otoñal». La improbable y disparatada aventura argumental funciona como un simple pretexto para parodiar la impostura y el adocenamiento que rigen la actitud de una tribu cuya máxima aspiración, en realidad, se reduce a la frivolidad de «ser moderno». Los recurrentes y superfluos conceptos y términos, procedentes del marketing y la tecnología, que están invadiendo en los últimos tiempos la comunicación en ámbitos cada vez más diversos salen a colación en el relato del protagonista con un indisimulado tono de burla en el fondo que bien lo merecen. La paleta de colores, el co-working, la zona de confort, el wifi (pronunciado exageradamente en inglés como «guayfay»), las sinergias, el «show cooking», los megas, los teras, los ítems, las startups o los gadgets son mencionados con mucha retranca en un discurso que sacrifica demasiado la cohesión dramatúrgica y el rigor textual en aras de ir dando cabida a personajes, canciones y situaciones en las que Maza puede hacer reír fácilmente al público con sus imitaciones. De esta manera, Pedro Almodóvar, Ricardo Bofill, Isabel Coixet, Woody Allen, Kate Moss o Quentin Tarantino se convierten en forzados secundarios de una trama en la que verdaderamente no aportan mucho y que, como consecuencia, se va debilitando a medida que transcurren los minutos. En el camino sí quedan algunos inteligentes e ingeniosos destellos en los que prima el espíritu crítico sin que ello vaya en detrimento de la comicidad. Un buen ejemplo es la escena en la que se establece una certera comparación entre la devoción de un hípster hacia sus fatuos ídolos (el loft, la comida vegana, etc.) y la de un monótono predicador hacia su Dios.