Núria Vilanova: «Las empresas familiares tienen que ser un proyecto común»

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Su experiencia en el mundo empresarial y las ganas de conocer han llevado a Núria Vilanova a escribir este libro en el que se recopilan los testimonios de grandes familias em-presariales.

–¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

–Yo conozco bastante bien el tema de la empresa familiar, porque somos una y muchos de nuestros clientes son empresas familiares. Veíamos que se había estudiado todo, salvo el tema de la comunicación, y nuestra sensación es que es uno de los más importantes tanto para el éxito de las compañías como para evitar su fracaso.

–¿El objetivo entonces era dar visibilidad a la importancia de la comunicación?

–Sí, y entender las claves de las empresas que tenían éxito. Hemos visto que las familiares de éxito tienen como elementos clave la comunicación y los valores. Por ejemplo, Carlos Slim hijo nos dijo que ellos aprendieron la economía en el comedor de casa hablando con su padre y su abuelo. También hay otros casos, como el de Mariano Puig, cuya empresa fue de las primeras que organizó la comunicación dentro de ésta.

–¿Cómo preparó la obra?

–Yo tengo la suerte de conocer muy bien Latinoamérica porque tenemos 12 oficinas allí. A la mayor parte de los protagonistas de la misma ya los conocía. Algunos conceden entrevistas a los medios y otros no, pero el libro lo vieron como un proyecto para ayudar a otras empresas familiares para seguir por el buen camino: general riqueza, empleo…

–¿Es más fácil sacar adelante una familiar que cualquier otro tipo de empresa?

–Para mí tiene muchas ventajas porque detrás de ésta no solo están todos los trabajadores, sino también la familia, por lo que ante un problema se encuenta ese apoyo y todos entienden que hay que hacer un sobresfuerzo. Después, por la relación del equipo humano. Antes de escribir el libro hicimos un estudio con el IESE y vimos que los colaboradores de las empresas sentían más confianza en las empresas familiares. Lo mismo pasa con los consumidores: aplicar el apellido al producto da mayor credibilidad porque el consumidor siente que la familia no se va a jugar su prestigio no haciendo un producto de la mejor calidad. Finalmente, los proveedores saben que detrás de una está su compromiso y su patrimonio propio, al igual que los inversores. Por lo tanto, hay que aprovechar sus ventajas comunicando que se es una empresa familiar y sus valores.

–¿Cuando se trabaja con la familia se es más exigente?

–Lo cierto es que no he notado mayor o menos exigencia, pero quizá sí una confianza personal que te obliga a no fallar porque no se trata sólo una relación laboral, sino que hay un compromiso personal.

–¿Puede funcionar la empresa de una familia si ésta no está pasando precisamente por su mejor momento?

–El éxito está en respetar la diversidad y que si en un momento determinado alguien no está interesado en continuar pueda dejarlo. No tiene sentido estar encadenado a un proyecto. Las empresas familiares deben pro proyecto común y poder dejar de serlo también. Es importante que esté preparada para alternativas. De hecho, en el argot empresarial esto se llama «la poda».

–¿Es posible dejar el trabajo fuera del hogar?

–Yo personalmente intento dejarlo, pero me sorprende, al escuchar las historias de los entrevistados, que una de las cosas que recuerdan con más cariño es haber aprendido todos estos temas en el salón de casa. Entonces a lo mejor, si la empresa forma parte de tu vida, y no es solo un trabajo, compartirlo con la familia es también una forma de educar.

–¿Cuál es al mayor lección que puede extraerse del
libro?

–Quizá una de ellas es que no siempre las personas somos tan coherentes y racionales como parece. Cuando pregunto en algún encuentro con empresas si creen que la comunicación es una de los aspectos más importantes, todos dicen que sí. Reconocen que va a ser la piedra fundamental que provocará o no el éxito. Y cuando demandas cuántos recursos dedican a la comunicación, reconocen que no los suficientes. Entonces vemos que hay que dedicarle tiempo a lo que es verdaderamente importante, porque, a veces, lo urgente nos distrae de lo importante.