Los guardianes de la ciberseguridad no usan Facebook

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RSA. Sobre estas tres letras se asienta el abecedario de la seguridad de internet. Da nombre al logaritmo que permite que accedamos a nuestro mail, compremos on-line y hagamos operaciones bancarias sin temor a ser espiados… o casi. Cuatro de las mentes que crearon o perfeccionaron los «candados» de internet reciben hoy el Premio Fronteras del Conocimiento en la categoría TIC que otorga la Fundación BBVA: los norteamericanos Shafi Goldwasser y Ronald Rivest, el italiano Silvio Micali y el israelí Adi Shamir. Todos ellos matemáticos, especializados en criptografía –el cifrado de mensajes– y vinculados con el MIT de Massachusetts. LA RAZÓN habló ayer con los tres primeros.

El «caso Facebook» y el uso que se da a nuestra información ha sembrado de dudas la confianza en la privacidad. «Es una preocupación muy válida. Tenemos que ser muy cuidadosos con lo que hacemos», dice Rivest. «La información es parte de los incentivos de las empresas y éstos no van en la línea de los deseos del consumidor», añade. De hecho, elogia la reciente ley de protección de datos, de obligada aplicación en la UE, «un modelo a seguir que no tenemos en EE UU».

«El consumidor no tiene muchas opciones. Facebook ofrece un contrato: o aceptas sus condiciones de uso o nada. Punto. No tenemos posibilidad de negociar. Si no aceptamos, estamos aislados», opina Micali.

Ahora bien, tres de los mayores expertos en ciberseguridad a nivel mundial… ¿utilizan Face-book? Rivest afirma que tiene perfil, pero no lo usa «porque me preocupa la privacidad». «Yo no lo tengo ni tampoco lo quiero. ¿Para qué quiero tener un perfil en una app con la que no estoy de acuerdo con lo que me exige?», se pregunta Micali. Goldwasser reconoce que sólo lo consulta «para saber lo que hacen mis hijos».

Ciberespionaje internacional, ataques a bancos, robos de identidad… ¿Es la Red un lugar seguro? «La respuesta sería no», dice Goldwasser. Con todo, añade una «nota optimista: el nivel de colaboración entre investigadores hoy no tiene precedentes». Así, espera que, en 20 años, los algoritmos que construyeron se mejoren, haciendo de la red «un lugar más seguro. Será sorprendente lo que se puede hacer con la ingente cantidad de datos sin dejar de conservar la privacidad de las personas». Uno de los resultados ya lo tenemos: la aplicación del Big Data, el manejo de ingentes cantidad de datos, en campos como la genética. El historial clínico de los pacientes podrá ayudar «a predecir enfermedades».