Diego Gándara: «Hoy lo más importante de un escritor es la marca»

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a novela como argucia para salvar los deslices, trampas y olvidos comunes de la memoria. En la ficción nada es mentira, porque todo es inventado y nadie puede aducir que ha sido engañado. Diego Gándara ha enhebrado su experiencia vital con las peripecias de un periodista cultural argentino que viaja a Barcelona y traba amistad con Roberto Bolaño –que, en la realidad, fue amigo de Gándara– en «Movimiento único» (Seix Barral), una primera novela que ya aventura nuevos paseos literarios del autor.

¿Por qué se llama Santiago Novoa cuando se llama Diego Gándara?

–(Risas). Diego Gándara es el autor, pero la novela es lo que se cuenta de Santiago Novoa. Lo que me suelo preguntar es cuántas cosas hay de Santiago Novoa en mí. Lo que, principalmente, me interesaba narrar eran todas las texturas de una experiencia de vida que había conocido y que está unida a los libros que he ido leyendo. Más que una biografía son esos vaivenes, esos días impregnados de movimiento. No es exactamente biográfico porque hay cosas que recordaba, pero también hay otros momentos que deseaba que hubieran sucedido de otra manera.

–¿El «movimiento» es…?

–Lo que está activo y no se puede detener. La vida no se puede detener. Hay un dicho oriental que dice: «Se pueden matar dos o tres rosas, pero no se detiene la primavera».

–El periodismo cultural, ¿es una vocación o un oficio?

–Para mí es un oficio. En el fondo es lo que me encontré. Cuando estudiaba periodismo no existía ninguna asignatura sobre materia cultural. Todos los alumnos querían dedicarse a la política o a la radio, pero nadie sentía interés por el periodismo cultural. Yo pensé que ahí tenía un hueco. Y me apetecía que las editoriales me enviaran libros y conocer escritores. Es una forma de ganarse la vida, y muy dura.Y me ha dado la posibilidad de leer a grandes escritores y entrevistarlos. He aprendido mucho a leer.

–¿Nadie quiere a un autor que no sea famoso, aunque escriba bien? Eso le sucedió a Bolaño, según su libro.

–Yo creo que hoy en día, los diarios van más a por los escritores que llegan a más lectores que por los de calidad. En mi caso, cuando ofrecía a los periódicos una entrevista con Bolaño, no les interesaba. Y los pocos que aceptaron es porque lo habían leído y estaban entusiasmados. Pero hoy lo más importante es la marca de un escritor. Existen otros factores aparte de la buena prosa que se pueden valorar el día de mañana. Pero en el presente lo que se valora es el tema de una novela, la trama, a cuántos lectores puedes llegar…

–¿Qué opinaba Bolaño?

–Decía que la novela es riesgo y que no está sostenida por el argumento. Si uno quiere hacer literatura tiene que hacer ese camino o, de lo contrario, aferrarse a lo convencional: las escenas, el argumento, esa clase de méritos.

–Él le recomendó que se olvidara de Onetti.

–(Risas). Afirmaba que habría que prohibírselo a los menores de 21 años porque en él hay poco humor y es melancólico, más allá, claro, de los logros de su prosa. Pero su ambiente es gris. Luego me instó a que leyera a Borges, que, según él, es lo más apolíneo que hay en nuestra literatura.

–¿Ha seguido algún consejo en su primera novela o no?

–He vivido su redacción en una incertidumbre total. Me puse a escribirla sin saber cómo se escribe una. Uno puede leer mucho y no saber cómo escribir una novela. Hay consejos, como tomar notas, pero decidí ponerme a escribir y a ver lo que salía. Cuando comenté a un amigo que no sabía qué estaba escribiendo, me dijo que seguramente sería una novela. En el proceso hay que vencer el temor de que te critiquen y de que a uno lo van a leer. Una vez vences eso, te sientes más tranquilo.

–¿Uno no escribe para que lo lean?

–Pero siempre tienes un punto de temor a que lo que cuentas no sean más que chorradas o que la gente entre a comentar lo mal que escribes.

–¿Cómo era el Bolaño que conoció?

–Una persona generosa, divertida y profunda. Cuando lo leo, no valoro solo su genialidad literaria, sino también la mirada humana que vierte en sus textos y su poesía. Me siento contento de haber conocido a una persona con esa mirada. Tengo un buen recuerdo de él. Era divertido.

–¿Se parece al que ha aireado su fama?

–El Bolaño que se ha proyectado tiene muchas facetas y cada uno elige la que prefiere. A unos les gusta el padre familia y otros el mítico. Miro eso con distancia. Yo admiraba su normalidad, que era una persona que estaba todo el día escribiendo, trabajando, y que por la noche me llamaba para hablar. Consideraba que la vida es algo asombroso, hermoso. Era muy vital.

–¿Qué le atrae todavía de sus libros?

–Sobre todo, el magnetismo de su prosa, cómo va contando todo, el universo en que te va metiendo poco a poco, los recursos que emplea, como el humor. Es una literatura abierta. La primera vez que lo leí sentí que me metía en un universo oscuro, que la literatura es un cuarto oscuro lleno de animales salvajes. A nivel de estructura y prosa tiene cierta naturalidad, pero única, aunque imagino que es muy trabajado. Nadie puede escribir como él.