Valverde o el secreto de la longevidad

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Viendo el final sinuoso y con una ligera pendiente que picaba con desnivel positivo, era inevitable acercarse a Alejandro Valverde por la mañana, en la salida de Lorient, para saber si en su mente cabía la posibilidad de disputar la etapa. Él se hartaba a repetir: “aquí a lo que hemos venido es a ganar el Tour con Nairo o con Landa, la etapa es secundaria”. Pero resultó que llegó el final de etapa, la fuga que parecía que iba a llegar no llegó y Valverde, como acostumbra, se topó, no por sorpresa sino por piernas, como acostumbra también, en la suculenta parte cabecera junto a los hombres que se iban a jugar el triunfo de etapa. Todo muy goloso, como para desperdiciarlo.

No lo hizo el murciano. 38 años y 10 Tours a sus espaldas. Pocos atesoran a su edad sus piernas de oro. Empezó el último repecho de Quimper el 12º, cuando ya el amarillo de Van Avermaet había despegado como un avión que sale de la pista con ligero adelanto. Fallo. Valverde empezó a remontar. Acabó cuarto. “Sabía que era difícil porque he empezado muy atrás, he ido adelantando gente”. La etapa se le quedó corta. A otros, en cambio, les sobraron kilómetros. Como al bravo de Rein Taaramae. Este año estrena los colores del Direct Energy, el equipo más combativo y animador del Tour. El estonio fue la última bala en la recámara de los franceses. Antes lo habían intentado Chavanel y Calmejane.

Juntos formaron la escapada del día junto a Vermote, Gesbert, Nicolas Edet, de Buyst y Skujins. Primero lo probó Chavanel, que lo probó hasta que no le quedó más piel que dejarse. Después fue el turno de Calmejane, a quien llaman el nuevo Valverde, Skujins y Edet. Pero al BMC le apetecía ver ganar a Van Avermaet de amarillo en la explosiva meta de Quimper. Le iba a la perfección. Así que encendieron la máquina y los cazaron en la última cota. Entonces, el relevo lo tomó el Sky, con su brillante y prometedor Egan Bernal guiando a Froome.

Valverde, agazapado, esperó su momento. Y cuando atacó Van Avermaet empezó a tomar posiciones. A adelantar ciclistas. Llegó hasta la cuarta posición. 200 metros más de etapa y quién sabe. “Pero hay que estar contento, estoy ahí y he luchado por la etapa hasta el final. Sabía que había gente rápida delante”. Rápida y sobre todo, joven.

A todos los que le precedieron, el murciano les saca un puñado de años. Sagan, el vencedor, es diez años menor que él, igual que Colbrelli, que fue segundo. Con el tercero, Gilbert, Valverde se ha pegado más en cada carrera, sólo es dos años menor el belga. Se conocen a la perfección. Ambos son dos talentos puros. El quinto fue Julian Alaphilippe, otro que dicen que puede llegar a ser como Alejandro Valverde. 12 años les separan. Ayer, el murciano quedó por delante de él.

Ese será el gran duelo del jueves, se pronostica. Alaphilippe-Valverde. La longevidad, las más de cien victorias en un palmarés eterno frente al descaro y la valentía de la juventud del francés. A ellos dos se les espera en el Mur de Bretagne. Valverde no alza los brazos en el Tour desde la etapa que consiguió en Peyragudes en 2012. Cuatro suma en total. Hoy irá a por la quinta, con sus 38 primaveras. “Mis sensaciones son buenas. Me encuentro bien”, avisa. “Pero de momento, vamos a ver si dormimos bien esta noche”. La simpleza de un genio total.