Fekir entra en el campo y sale Griezmann

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Didier Deschamps sólo faltó a su costumbre en semifinales, porque el resultado es mucho más importante que la superstición, pero durante el Mundial ha repetido la misma maniobra. Sale Griezmann del campo y entra Fekir. Así ha sido en todos los partidos hasta que Bélgica se cruzó en el camino del equipo francés. El mediapunta del Lyon eligió jugar con Francia a pesar de los deseos de su padre, argelino de nacimiento. «Mi padre habría querido verme jugar con Argelia. Pero soy yo el jugador, soy yo el que estará en el terreno. Será la selección francesa y eso no cambiará más. Estoy muy unido a este equipo», reconocía. Fue en un amistoso con Francia contra Portugal cuando se rompió los ligamentos de la rodilla derecha, lo que le impidió participar en la Eurocopa que organizaba su país hace dos años. Era su primer partido como titular con Francia y apenas una semana antes había marcado su primer hat-trick como profesional. Pero no fue el primer problema grave que tuvo que superar para llegar hasta aquí. Cuando comenzaba la adolescencia sufrió un extraño síndrome, la enfermedad de Osgood-Schlatter, que le provocaba inflamación en la rodilla e hizo que los técnicos del Lyon dudaran de él por su pequeño tamaño y su fragilidad física y lo dejaron escapar. Con 19 años, cuando jugaba con el pequeño Saint-Priest, se enfrentó tres veces al Lyon y el club de su ciudad no tuvo dudas de que debía recuperarlo. Lo querían muchos equipos, entre ellos el Saint Ettiene, contra el que este año se hizo notar Fekir. Celebró uno de sus goles quitándose la camiseta y mostrando su nombre y su número al estilo de Messi en el Bernabéu. El partido se interrumpió por invasión de campo. El club y la afición se solidarizaron con él. En la tienda del Lyon, un maniquí sostenía la camiseta como había hecho él. Los aficionados repitieron el gesto en el partido contra el Montpellier.