Los niños de la cueva tendrán su película

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El espacio entre realidad y ficción se estrecha a pasos agigantados. Puede que un día nos despertemos en el umbral, incapaces de discernir qué es la realidad y qué la apariencia de la realidad, como Michael Douglas en «The game». Ya no basta con que las cosas pasen, necesitamos vivirlas, recrearlas, experimentarlas a la mayor brevedad y con el mayor realismo posible. Si no –niños caprichosos de la sociedad del espectáculo– le daremos al dedo y, «next», a otra cosa… Estamos perdiendo el gusto por la perspectiva, de modo que cuando algo pasa (y pasa solo porque hay cámaras) tenemos que atraparlo justo a tiempo. Que por el campamento de los niños tailandeses encerrados en una cueva pululase un productor de cine (Michael Scott, CEO de Pure Flix) no es en absoluto extraño, como tampoco lo es que, claro, se le haya ocurrido hacer una película. Lo novedoso (y hacia lo que vamos) sería que las cámaras acompañaran a los buzos en la misión de rescate mientras, al otro lado de la pantalla (¿se acuerdan de «El show de Truman»?), nos tomamos una coca-cola en la bañera. Llegará el momento. Basta seguir la línea temporal de las películas sobre catástrofes para entender que un buen día no habrá distingos entre los hechos en sí y los hechos tal y como los representamos: 40 años tardó un equipo alemán en rodar el primer filme sobre el «Titanic»; 20 hasta que la hazaña del equipo nacional de rugby uruguayo cristalizó en «¡Viven!»; 8 para que el tsunami del sudeste asiático cobrase forma en «Lo imposible»; y solo 5 para que los mineros chilenos, sin tiempo casi de valorar su trauma, se vieran en pantalla grande («Los 33»). «La valentía y el heroísmo del que he sido testigo es increíblemente inspirador, así que, sí, habrá una película por nuestra parte», alega el productor. Todos queremos un trocito de la hazaña de los niños tailandeses: desde el multimillonario Elon Musk y la Fifa hasta la señora del tercero que fantasea con hiperventilar, sana y salva, desde el salón de casa. Kundera habla del éxtasis de la velocidad en la sociedad tecnológica. «¿Por qué habrá desaparecido el placer de la lentitud?», se pregunta. Por lo mismo por lo que se han derrumbado las perspectivas en beneficio del ahora. Tal vez en 30 años alguien se pregunte qué fue de aquellos chicos que llamaron la atención de Elon Musk, que asistieron a la final del Mundial invitados por la Fifa, que protagonizaron una película norteamericana y que luego, denlo por seguro, volvieron a los arrozales, al anonimato. Para entonces habrá material de primera para una película. Hazañas aparte.