Los mayoría, contra la masificación turística

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«De fuera vendrá quien de casa nos echará». Esa es la filosofía que se impone –de un tiempo a esta parte– entre algunos habitantes de las ciudades y las regiones más turísticas. Como a menudo se repite desde ciertos ayuntamientos, ante las críticas de los ciudadanos por la presencia de turistas en las calles, «algunos quieren el dinero que dejan los visitantes… pero no quieren verlos por la ciudad». Obviamente esto es un imposible. Lo cierto es que el fenómeno del turismo, que ha significado para muchas regiones españolas la gallina de los huevos de oro, se ha convertido últimamente en el objeto y objetivo de ciertas campañas de la izquierda radical. Hace escasos días, la CUP atacaba en Barcelona un autobús turístico –algo que ya hizo en otras ocasiones– y pone el foco en una «turismofobia» que podría significar la huida de unas personas que traen a las ciudades más beneficios que inconvenientes. Nadie duda que el fenómeno del turismo de masas, las compras masivas por internet de paquetes de viajes o las redes sociales además de las aerolíneas de bajo coste han inundado las ciudades de nuevos viajeros; sin embargo se debe trabajar para buscar una salida razonable y rentable para todos. Como hoy apunta en su encuesta LA RAZÓN, el 52,9% de los consultados por NC Report estaría a favor de un impuesto a los viajeros para controlar las ciudades. Curiosamente, esos mismos ciudadanos que apoyan cobrar esas tasas no estarían de acuerdo en pagarlo ellos si se convierten en turistas en otra ciudad. Sea como fuere, el turismo, ese gran invento, no se parece en nada al de la famosa película de Pedro Lazaga. Y es que era 1968… Otro mundo.