El arte de la negociación y el juego de la sedución

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El arte de la negociación no es uno de nuestros principales activos ni culturales ni políticos. El bipartidismo y el hecho diferencial entre dos grandes bloques políticos -la derecha franquista y la izquierda socialista- ha sido la tónica general durante las cuatro décadas de la segunda democracia, que se originó tras otras cuatro décadas de la dictadura franquista. Desde el año 39 en que acabó la guerra civil, en España todo ha sido convulso y cainita. Realmente nuestra democracia es joven y por ello, demasiado atrevida en algunos logros (traidos por el PSOE de González) pero bastante oscura y cavernaria en otros usos (fundamentalmente mantenidos por los herederos del franquismo, el Partido Popular).

Tras la Transición y los Pactos de Moncloa, en los que los represaliados, encarcelados, exiliados, se dieron la mano con los herederos del franquismo, el camino siempre ha sido tendente a cerrar la brecha entre las dos Españas. La de los ganadores, fascistas, la de los perdedores, rojos. El Partido Socialista Obrero Español, al abandonar el marxismo y equipararse a la socialdemocracia europea de Billy Brand, Miterrand y Olof Palme, trató de alejar a este país de la memoria de ejecución, traición y muerte entre bandos, y consiguió situar a España en primera línea de la modernidad europea.

Desde entonces, desde la década de los ochenta, el resto de décadas han sido un intento de olvidar los rencores y los pactos de los dos grandes, PP y Psoe, con nacionalistas (PNV, CiU, Cantabria, Aragón, Baleares, etc) nunca fueron por analogía ideológica sino por necesidad aritmética que se pagaba convenientemente, desde los gobiernos, con concesiones territoriales.

Por primera vez, desde el 15M, un pueblo asolado por la crisis económica mundial y el saqueo financiero a las clases medias, pero sobre todo por la corrupción generalizada e incesante de los gobernantes, tanto de izquierdas como de derechas,

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