La suerte de los vencidos

Este fin de semana se estrena la danesa “Land of Mine”, una reflexión sobre la venganza y el perdón que aspiraba al Óscar a mejor película de habla no inglesa.

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Vae Victis! ¡Ay de los vencidos! La frase -acuñada en al año 390 a.C. por el caudillo galo Breno tras conquistar Roma- se ha vuelto recurrente en la historia de la humanidad, y viene siendo aplicada con rigor generación tras generación.

Sobre la suerte de los vencidos gira la magnífica película danesa Land of Mine -se estrena este fin de semana-, de Martin Zandvliet, que optó infructuosamente al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Curiosamente, no he logrado encontrar en los papeles de promoción el nombre danés original, sólo esta versión inglesa, un juego de palabras con el doble significado de “tierra de minas” y “mi tierra”. En español la han llamado “Bajo la arena”.

Mayo de 1945. Tras cinco años de ocupación, los alemanes se rinden en Dinamarca al general bitánico Bernard Montgomery, vencedor de Rommel en El Alamein. El país no ha llegado a vivir una verdadera guerra, sino una ocupación inicialmente “benévola” -en 1942, cuando ya llevaban dos años ocupados, tenían un gobierno socialdemócrata- que se endurece a partir de 1943, cuando a Hitler empiezan a torcérsele los planes (Stalingrado, El Alamein …). A partir de ahí, comienza de verdad la guerra y se intensifica una resistencia que existía testimonialmente desde 1941. Mientras, otros daneses más afines a los nazis se enrrolaban en la Wehrmacht. El país estaba dividido, si bien los nazis eran minoría.

Este es el contexto en el que se mueven los protagonistas de Land of Mine, un grupo de jóvenes soldados alemanes prisioneros, asustados y maltratados por sus captores -brutal la primera aparición del protagonista, el sargento Rasmussen- y vituperados por la población local. Para los daneses, son la cara del horror nazi. Pero al tiempo son niños -entre 15 y 18 años; el mayor tiene 22- miembros de la Volkssturm, una leva llevada a cabo por decisión directa de Hitler al final de la guerra en la que había desde niños de 13 años a ancianos que sobrepasaban con creces los 60.

De entre sus prisioneros alemanes, y obedenciendo a un plan británico, los daneses seleccionaron unos 2.600 “voluntarios” a los que pusieron a desactivar la marea de minas que inundaba las costas danesas. Sin conocimientos, sin experiencia, en unas condiciones deplorables. Más de la mitad murieron en los cinco meses que se tardó en desactivar algo más de 1,4 millones de minas. Un número de muertos que superó de largo al de todas las víctimas de los cinco años de guerra en Dinamarca.

El desminado era considerado un tabú en la historia moderna danesa. Mi intención era contar un hecho histórico que es vergonzoso para Dinamarca. Muchos historiadores han eludido el asunto hasta ahora, tal vez de manera comprensible”, señala el director Zandvliet.

Para mi -añade- Land of mine cuenta una historia humana importante, que es desconocida para la mayoría de los daneses. Se ha mantenido oculta, convenientemente olvidada, reprimida. Es una película sobre la venganza y el perdón. Sobre un grupo de chicos obligados a purgar los pecados de toda una nación”.

Esos penitentes los encarna un grupo multinacional de jóvenes actores -entre los que destacan los debutantes gemelos Emil y Oskar Belton, que cumplieron 16 años en septiembre- quienes acompañan al veterano sargento Carl Leopold Rasmussen (Roland Møller) en este duro viaje del odio al perdón magistralmente contado por Zandvliet en un marco de playas, sol y horizontes abiertos que contrasta con la oscuridad de los interiores de su choza y de la historia misma.

Lo tenía todo para haberse llevado el Óscar. Lástima que se haya quedado a las puertas.

 

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