¡Sergio, qué bien te sienta el verde!

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Por fin le llegó el premio a uno de nuestros mejores golfistas, Sergio García. Tras 74 apariciones en torneos grandes, el deportista rompió el maleficio que le acompañaba en las grandes citas del circuito y se convirtió en el tercer español en ganar en Master de Augusta. 

García (-9) conquistó el trofeo después de un mano a mano hasta el hoyo 73 con el inglés Justin Rose (-9), al que superó en el primer hoyo del desempate para enfundarse la chaqueta verde. Con la conquista del Masters de Augusta, el castellonense, que se mantuvo en el liderato durante los cuatros días de competición, se une a las leyendas del golf mundial y los ídolos de su infancia, los bicampeones Severiano Ballesteros y José María Olazábal.

Y como todas las victorias con historia no pudo faltar la épica y el suspense de las ocasiones especiales. Pero remontémonos al año 1999, cuando un jovencísimo Sergio García, posaba feliz con su trofeo de mejor amateur del torneo junto a un más feliz Olazábal, que ganaba su segunda chaqueta verde en Augusta tras haberla ganado ya en 1994. El vasco le había dejado un mensaje: “No comparto mi taquilla (en el conocido vestuario de los campeones) de momento y no me importaría compartirla contigo”.

Todo se decidió en el desempate. En el primer hoyo, su rival Rose cometió un falló que Sergio supo aprovechar con un birdie. Pero la gesta no iba a ser fácil y en el hoyo 13 la bola se quedó detrás de un matorral. El español quiso asegurarse las espaldas frente a golpeadores como Johnson. Con un golpe posterior de la clase que caracteriza al de Borriol, dropó y salvo el par del hoyo. Tocaba el 14 y llegó el birdie de nuevo del español. En el 15, hoyo mítico de Augusta en el que a Seve se le escapó en el 86, Sergio se marcó un eagle que igualó todo.

Se iba a decidir en los últimos hoyos del torneo. Pasó el 16 con Rose por delante, el 17 donde llegó el bogey del británico y el 18 dónde se decidiría la historia. Tras 18 años de carrera y 17 apariciones en el campo de Augusta, El Niño con 37 años ya tiene la prenda verde con la que todos los golfistas sueñan. Y que mejor día para conseguirla que cuando Severiano Ballesteros hubiese cumplido 60 años.

Ya más tranquilo y frente a los centenares de micrófonos que le esperaban, Sergio declaró: “Desde que he llegado al campo estaba muy calmado, más que ningún otro domingo de ‘major’ y más que el sábado”. “Incluso después de los dos bogeys sabía que estaba jugando bien y que tendría mis posibilidades”, matizó. “Honestamente, estoy muy feliz pero no siento nada diferente.”

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