Las Coreas retoman el diálogo militar

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Una reunión fructífera. Así es como se podría definir el encuentro que mantuvieron ayer las dos Coreas –que se encuentran técnicamente en guerra desde el armisticio de 1953–, después de dos años sin contacto alguno en los que la tensión ha ido en aumento debido a las continuas pruebas balísticas y nucleares de Pyongyang. En la entrevista, que según informó Seúl fue vista en directo por los líderes de ambos países a través de las cámaras y micrófonos instalados para la ocasión, los dos gobiernos acordaron enviar una delegación norcoreana a los Juegos Olímpicos de Invierno de PyeongChang, reiniciar los diálogos militares con el fin de «evitar incidentes» y reabrir nuevos canales de comunicación, como la línea directa militar que estará operativa desde hoy a las ocho de la mañana. Eso sí, Corea del Norte se negó a dialogar sobre su desnuclearización.

«Ha sido un buen primer paso», declaró a LA RAZÓN Naoko Aoki, miembro adjunto del Foro Pacífico del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). La analista explicó que las conversaciones no buscaban conseguir grandes avances, sino dar pequeños pasos para reducir la tensión, por lo que «es alentador que Corea del Norte haya aceptado las conversaciones militares, aunque ambos países las abordarán con objetivos muy diferentes». Al contrario que en ocasiones anteriores en las que se llevaron a cabo maratonianos encuentros sin pacto alguno, la primera ronda de conversaciones de alto nivel –divididas en tres sesiones– terminó sorprendentemente en sólo dos horas y media con el intercambio de un borrador de la nota de prensa conjunta. A lo largo del día, se sucedieron los anuncios con la aceptación de las propuestas y los detalles de los acuerdos alcanzados por dos países que buscan reconciliarse.

Con un apretón de manos entre el ministro de Unificación surcoreano, Cho Myoung Gyon, y el máximo representante del Comité norcoreano para la Reunificación Pacífica de Corea, Ri Son Gwon, dieron comienzo los diálogos ayer a las diez de la mañana en la aldea de Panmunjom, en la frontera. «Vengo con la esperanza de que las dos Coreas mantengan conversaciones con una actitud sincera y fiel», declaró el delegado norcoreano en su discurso inaugural al tiempo que destacaba que el pueblo coreano «alberga grandes expectativas» alrededor del encuentro. Cho compartió esa visión y manifestó que «la gente tiene un fuerte deseo de ver al Norte y el Sur trabajando hacia la paz y la reconciliación» pese a producirse en un momento en el que las relaciones bilaterales están «muy desgastadas». Por eso pidió «determinación y persistencia», algo que parece estar cumpliéndose.

Acabado el diálogo, Lee Hee-beom, jefe del comité organizador de los Juegos, se felicitó por la histórica decisión de Corea del Norte de participar en un evento al que Kim Jong Un enviará una delegación con atletas, altos funcionarios, animadores, artistas, hinchas y reporteros. Seúl, viendo la buena disposición de su interlocutor, no dejó pasar la ocasión y propuso también a su vecino desfilar de manera conjunta los días de la inauguración y clausura de la Olimpiada, un asunto al que todavía no ha respondido Kim. Tampoco se ha especificado cómo se desplazarán los representantes norcoreanos hasta PyeongChang –a unos 80 kilómetros al este de Seúl–, pero la agencia de noticias surcoreana Yonhap aventuró que la reconexión de la línea militar fronteriza por parte de Corea del Norte hace pensar que se opte por enviarlos por tierra. Sea así o no, Seúl indicó estar considerando retirar temporalmente las sanciones unilaterales que podrían imposibilitar el traslado de la delegación norcoreana. Tal y como había anunciado el día anterior, Corea del Sur también planteó realizar una reunión de familias separadas por la guerra coincidiendo con la celebración del Año Nuevo en febrero, un gesto que no se produce desde hace dos años y al que Pyongyang todavía no ha respondido.

El tema más delicado llegó cuando Seúl sacó a relucir la cuestión de la desnuclearización. Según informó el diario surcoreano «The Korea Times», el viceministro de Unificación, Chun Hae Sung, indicó a los periodistas después del encuentro que «exigimos reanudar prontamente las conversaciones sobre la desnuclearización para establecer la paz», ante lo que Corea del Norte respondió que sus problemas nucleares deberían resolverse a través del diálogo y la negociación, pero todavía no era el momento. Seúl pretende dialogar sobre este tema con la pretensión de evitar un conflicto «accidental», pero «no es un asunto entre el Norte y el Sur, y esta cuestión pone en riesgo todos los progresos de hoy», declaró el jefe negociador de Pyongyang. «Todas nuestras armas, incluidas las bombas atómicas, las de hidrógeno y los misiles balísticos están dirigidas sólo contra Estados Unidos, no a nuestros hermanos ni a China ni a Rusia», añadió Gwon.

El acercamiento entre las dos Coreas se produce después de que Kim sugiriera en su tradicional discurso de Año Nuevo participar en el evento deportivo que se celebrará del 9 al 25 de febrero. Un día después, Seúl ofreció la posibilidad de mantener un encuentro al respecto que Kim aceptó. Ese sorprendente cambio de actitud del líder norcoreano, que hace unas semanas amenazaba a Estados Unidos y sus aliados con una guerra nuclear, tiene una doble lectura. Para Aoki, «no está claro si el cambio de marcha está motivado por una sensación de seguridad debido a los logros del país en el ámbito nuclear y balístico, o debido al deseo de un aplazamiento de las sanciones». Pese a que el pueblo coreano ve con buenos ojos la posibilidad de que por fin llegue la paz, hay que observar de cerca el curso de las negociaciones con Pyongyang, con una larga trayectoria de intentar abrir una brecha entre Washington y sus aliados y con el que, pase lo que pase, Seúl debería continuar su «estrecha relación en el futuro», apuntó.

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