Merkel y los socialdemócratas agotan el plazo para reeditar la Gran Coalición

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A pocas horas para que el Partido Socialdemócrata (SPD) resuelva su veredicto sobre la primera ronda de negociaciones, la revista «Der Spiegel» se preguntaba a última hora de ayer hasta qué punto Angela Merkel habría sido capaz de ceder. En la transigencia de la canciller descansará el éxito o no de unas conversaciones que se alargaron hasta bien entrada la noche y que, según la Prensa alemana, tratarán sus últimas cuestiones en la mañana de hoy. Una vez más, los encuentros volvieron a alargarse respecto al plazo autoimpuesto –finalizaba ayer–, lo que, sumado al silencio informativo pactado por ambas formaciones, sume a la esfera política alemana en una incertidumbre sin precedentes.

Cuando se cumplen 110 días sin Gobierno, ningún medio germano se atreve a lanzar pronósticos y, aunque todos coindiden en la importancia de que el país salga de una vez del bloqueo político, la deriva por la que pudiera embarcarse resulta una incógnita. Los mensajes lanzados ayer por los líderes sólo hacen que dar más peso a la inquietud. De hecho, poco antes de retomar las conversaciones, Merkel admitió que hay «grandes obstáculos» entre su partido y los socialdemócratas con vistas a formar ese deseado Gobierno de coalición. «Hay todavía grandes obstáculos a la vista que hay que eliminar», manifestó. De la misma opinión se mostró el líder del SPD, Martin Schulz, aunque sí incidió en su esperanza de poder llegar a buen puerto. «Ya se han fijado puntos en común en una gran cantidad de ámbitos, pero existen grandes escollos que deben ser salvados aún», agregó. Para el político socialdemócrata el tema de Europa sigue estando en primer plano. En este sentido, defendió que el nuevo Gobierno alemán debe «generar sobre todo un resurgir de la UE».

La CDU/CSU y el SPD prometen cada uno «una nueva política» adaptada a la época actual, a pesar de sus grandes divergencias en determinados asuntos. Los democristianos, y especialmente la Unión Socialcristiana de Baviera (partido hermanado con el de la canciller), exigen un endurecimiento de la política migratoria y una reducción limitada de impuestos para todos. Por su parte, el SPD defiende una flexibilización de la reagrupación familiar para los refugiados, inversiones en educación y en infraestructuras o un mayor apoyo a las clases medias y desfavorecidas. Temas que muchos tildan de insalvables, pero que, no obstante, permitieron avanzar en otros asuntos como una ley sobre la inmigración cualificada. Una cuestión clave para afrontar el envejecimiento de la población en la primera economía europea.

Si finalmente hay luz verde a las negociaciones, el SPD necesitará también la aprobación de sus filas el 21 de enero en un congreso extraordinario. Los tres partidos son conscientes de lo que está en juego. Un fracaso abocaría a Alemania a un Gobierno en minoría a la repetición de elecciones.

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