El misterio de los primos del Rey Alfonso XIII

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Descubrir más de ochenta años después los expedientes perdidos de los hermanos Enrique y Alfonso de Borbón y de León, primos del rey depuesto Alfonso XIII, fusilados la madrugada del 1 de noviembre de 1936, me hizo sentir un intenso aleteo en el estómago. Los hermanos Borbón y de León compartieron el cadalso aquel trágico amanecer con Ramiro Ledesma Ramos, periodista y fundador de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (J.O.N.S.), y con Ramiro de Maeztu, periodista también. Se dijo que Ledesma, incapaz de controlar su carácter desafiante, murió acribillado a balazos en la misma prisión, pero no es cierto, como enseguida veremos; tampoco lo es que ambos fueran asesinados el 29 de octubre, como todavía se cree.

Consulté así los expedientes asignados a cada uno de ellos. En el correspondiente a Enrique de Borbón –el número 179, del Jurado de Urgencia número 3 de Madrid–, además de su declaración con los detalles del prendimiento en su domicilio del Paseo de Rosales 22, tropecé con un documento insólito y probatorio de las tropelías perpetradas entonces en las cárceles madrileñas. Todavía el 27 de diciembre de 1936, es decir, casi dos meses después de su asesinato, las «autoridades judiciales» seguían buscando infructuosamente al infeliz emparentado con la Casa Real española, creyéndole vivo y evadido. ¿Cómo era posible que ignorasen a esas alturas su violenta muerte…?

Sencillamente, porque a Enrique de Borbón lo habían sacado de la cárcel de Ventas con nocturnidad y alevosía, para entregarle como un cordero que iba a ser degollado a un grupo de criminales que lo fusilaron poco después sin miramientos en las tapias del cementerio de Aravaca, junto a su propio hermano, Maeztu y Ledesma, entre otros desdichados.

Sin rastro

El jefe de la Sección de Investigación de los Tribunales y Jurados Populares de Madrid, cuya firma resultaba ilegible en el documento, informaba en estos términos al secretario general de los tribunales, el día 27 de diciembre: «Excmo. Sr.: Tengo el honor de comunicar a V.E. que en virtud de su oficio de 20 del corriente [diciembre] fueron practicadas diligencias para averiguar el actual paradero del inculpado Enrique de Borbón y de León y resulta no figurar en ninguno de los ficheros de las Prisiones de esta localidad, resultando infructuosas las gestiones para localizar su actual domicilio, ya que el antiguo del Paseo de Rosales 22 se encuentra evacuado».

Previamente, el secretario general de los tribunales había recibido un telegrama de respuesta del director de la cárcel de Chinchilla, que decía: «Particípole en contestación a su telegrama de hoy que ninguno [Enrique y Alfonso de Borbón, entre ellos] de los detenidos que cita ha tenido ingreso en esta prisión».

¿Por qué buscaban a Enrique de Borbón en el penal de Chinchilla, una inexpugnable fortaleza del siglo XV enclavada en lo alto de la localidad albaceteña del mismo nombre? En la Causa General hallamos la respuesta:

«En el mes de octubre [de 1936] el Gobierno, por medio de uno de sus órganos, como era la Dirección General de Seguridad, ordenó en Madrid el asesinato de presos de la Cárcel de Ventas, que no habían sido juzgados por ningún tribunal. Entre estos presos figuraban personas de destacado relieve intelectual, como D. Ramiro de Maeztu, y de destacada personalidad política, como el fundador de las J.O.N.S., don Ramiro Ledesma Ramos, hallándose entre ellos los dos hermanos Borbón y León, emparentados con la Casa Real española. El director general de Seguridad, Manuel Muñoz, el día 31 de octubre de 1936 ordenó la entrega de estos presos a miembros del Comité Provincial de Investigación Pública (Checa de Fomento), con el pretexto de trasladarlos a Chinchilla; pero con la orden verbal de que fueran asesinados. Uno de los comprendidos de la relación original, D. Francisco Gallego Sáenz, resistió el cumplimiento de la orden de salida y fue asesinado en el interior de la prisión».

El traslado a la cárcel de Chinchilla fue así una burda patraña y una canallesca excusa para asesinar a los hermanos Borbón y a sus compañeros de cautiverio, la cual seguía creyéndose aún, por increíble que parezca, tras los fusilamientos. Tampoco Ledesma cayó muerto antes de abandonar la prisión, sino que fue el desgraciado Francisco Gallego Sáez de Burgos; ni la saca se efectuó el 29 de octubre, sino la madrugada del 1 de noviembre, pues la orden de entrega al piquete de ejecución, con listado de presos incluido, llevaba fecha de 31 de octubre y se reproducía en un anexo de la Causa General. Misterio resuelto.