Baudelaire en privado

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La de Charles Baudelaire es una de las voces líricas más importantes del siglo XIX, uno de los poetas cuya huella sigue siendo hoy vigente. Sobre él se ha escrito mucho, pero el de Camille Mauclair es uno de los estudios más rigurosos y serios sobre el autor de «Las flores del mal». Su trabajo, aparecido por primera vez en 1927, acaba de llegar a las librerías de la mano de WunderKammer bajo el título «Vida amorosa de Charles Baudelaire».

Mauclair fue un autor curioso, hoy prácticamente olvidado probablemente porque al final de su día decidió apoyar al régimen colaboracionista de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de todo eso, el escritor, discípulo de Mallarmé, había logrado cierto reconocimiento y admiración dentro y fuera de Francia. Un buen ejemplo de ello lo representa el hecho de que Rubén Darío lo incluyera en la nómina de su exquisito libro «Los raros».

Mauclair le dedicó no pocos esfuerzos a Baudelaire. En 1917 le dedicó una biografía a la que seguiría el prefacio para «Vint-sept poèmes des “Fleurs du Mal” ilustrés par Rodin» y «Le Génie de Baudelaire : poète, penseur, esthéticien», publicado en 1933,

Para Camille Mauclair, en la intimidad del poeta está la clave para entender lo que fue su producción literaria. Por ello, su objetivo es analizar la relación del poeta con las mujeres, «y del modo que concebía la feminidad y el amor físico o sentimental».

En «Vida amorosa de Charles Baudelaire» aparecen los nombres de aquellas mujeres que inspiraron los versos del poeta, un recorrido por los burdeles parisinos en los que encontró a las prostitutas con las que perderse. Importante es, en este sentido, el cuentro de Baudelaire con Aglaé Savatier, a quien Téophile Gautier, otro escritor francés amigo del biografiado, llamó Apollonie Sabatier o «la Presidenta». Apollonie era conocida por su belleza y fascinó a artistas, como fue el caso de August Clésinger que la hizo protagonista de una escultura que protagonizó un sonado escándalo en el Salón de 1947. Baudelaire diría de ella en versos «amo tu nombre, Apolonia,/ eco griego del sagrado valle,/ que, en su robusta armonía, te bautiza hermana de Apolo….»

Baudelaire vivió, como dice Mauclair, con «envenenada alma», en un tiempo de bohemia y miseria, donde el reconocimiento por su trabajo no llegaba, aunque sí la marca del escándalo. Hablamos de un poeta que era sifilítico antes de cumplir los veinte años y que había hecho de la bebida y el opio sus principales alimentos en los bajos fondos de la capital francesa.

Busca el biógrafo en los versos de «Las flores del mal» el eco de algunos de los pasajes ocultos de la intimidad de Baudelaire y de su necesidad de ser amado. Y hay motivo: «Una noche querría,/ cuando suena la hora de las voluptuosidades,/ a las joyas de tu persona/ trepar sin ruido como un cobarde,/ para castigar tu carne alegre,/ para macerar tu absuelto regazo,/ y hacer en tus entrañas asombradas/ una herida ancha y profunda».