Los mayas invisibles

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Los arqueólogos han dado un paso de gigante en sus indagaciones sobre la cultura maya. Concretamente, de 2.100 km2. Ésa fue el total de extensión mapeada del bosque de Petén, en Guatemala. Bajo su espeso follaje se albergaban docenas de ciudades pertenecientes a esta civilización milenaria. Hasta ahora permanecían invisibles. Sin embargo, una tecnología puntera las ha rescatado. Y muchos de los misterios que rodean a esta cultura mesoamericana podrían quedar resueltos. Todo ello ha sido recientemente mostrado en el documental «Tesoros Perdidos de los mayas», estrenado este domingo en National Geographic. Sin duda es un botín: se han destapado cerca de 60.000 nuevas estructuras.

El trabajo ha corrido a cargo de investigadores norteamericanos, egipcios, europeos y guatemaltecos, contando además con el apoyo de la Fundación para el Patrimonio Cultural y Natural Maya (Pacunam).

Francisco Estrada-Belli, de la Universidad de Tulane (Nueva Orleans), explica a LA RAZÓN que el logro fue posible gracias al uso de la tecnología láser LiDAR. «Este aparato iba a bordo de una avioneta que sobrevolaba a 1.000 metros de altura. Desde allí, LiDAR emitía pulsos láser, unos 900.000 por segundo. Muchos de esos pulsos rebotaban en los árboles y fueron así mapeando la vegetación. Otros pasaban entre las hojas, dando contra el suelo, creando así un mapa del terreno», afirma. Una investigación sostenible, para la que no hay que destruir ningún tipo de vegetación. De esta forma, se crearon las imágenes tridimensionales de los diferentes y hasta ahora desconocidos poblados.

Entre otras cosas, los investigadores han podido comprobar de primera mano que Tikal, una de las ciudades más investigadas –se conoce desde la década de los cincuenta del siglo XX–, ha «crecido»: de tener una extensión de 16 km2 ha pasado a tener 75 km2. Además, lo que se creía un colina ha resultado ser una pirámide de 27 metros. Y lo más importante: se ha descubierto que sus centros urbanos son ahora 40 veces más grandes. No en vano, se cree que la población maya de las Tierras Bajas podría haber alcanzado los 10 millones de personas, mucho más de lo estimado.

Su capacidad defensiva también ha sorprendido: han localizado todo un sistema de fortificación de El Zotz, cerca de Tikal. Múltiples murallas que rodean las colinas, calzadas conectadas a atalayas sobre una cordillera de 10 kilómetros, un foso de 14 kilómetros de profundidad… Las luchas mayas se llevan investigando durante décadas; sin embargo, los expertos creen que ahora se arrojará más luz sobre las contiendas.

No hay que olvidar su uso del agua, con canales de irrigación y presas que ahora han sido revelados. «Es una zona sin ríos y, sin embargo, no tuvieron problemas de abastecimiento», dice Estrada-Belli. «Sus sistemas de captación eran mucho más grandes y complejos de lo que se pensaba. Todo esto nos cambiarámucho la perspectiva que tenemos de ellos como civilización, cómo se pudieron desarrollar en un ambiente de selva tropical de forma sostenible», añade.

Los científicos ya han comenzado a visitar la zona. Y dada la extensión, tienen aún varios años de trabajo por delante para desentrañar todos los secretos que esconde la selva maya.

Un universo en alta resolución

La tecnología LiDAR ya era conocida por los arqueólogos. Sin embargo, pocas veces ha dado resultados tan sorprendentes. El láser es muy útil en áreas tropicales, ya que puede atravesar el espeso manto del bosque y ofrecer imágenes en alta resolución de su interior.