El día en que la lavadora se hizo obra de arte

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Es con la irrupción de las vanguardias, a principios del siglo XX, cuando se toma conciencia de la artisticidad de los objetos cotidianos. Estaban ahí, mudos, hasta que cayeron en la cuenta de que alguien, a lo largo de la historia, había pensado en la funcionalidad de una rueda, de una silla y de una mesa. La relación entre forma y función fue esencial para que determinados artistas comenzaran a pensar y proyectar («styling») esos mismo objetos cotidianos, que, al electrificarse, revolucionaron los hogares. Dos corrientes se enfrentaron en el momento inaugural de la modernidad: el organicismo modernista y el funcionalismo racionalista de los vanguardistas, que pusieron en primer plano la máxima del arquitecto Louis Sullivan: «La forma sigue a la función». Arquitectos y diseñadores, utilizando nuevos materiales y concepciones ideológicas rupturistas dieron auge a una nueva profesión entre la artesanía y el arte: la artes aplicadas. Pero estos electrodomésticos que diseñaban no adquirieron el estatus de arte hasta que la mirada irónica del Pop Art cambió la visión del arte popular y las artes decorativas asimilándolas indirectamente al gran arte. Hasta entonces ni a ingenieros ni a diseñadores como Raymond Loewy se les pasó por la cabeza que su diseño del paquete de Lucky Strike o un tren «streamline» tuviera la menor relación con el arte. Lo curioso es que de forma subrepticia los electrodomésticos introdujeron en los hogares el diseño y el «confort»: sofisticadas aspiradoras Electrolux, radios Braum, tocadiscos Philips, televisores Philco, máquinas de escribir Olivetti como la «Valentine», de Ettore Sottsass, los muebles metálicos de la Bauhaus o las butacas de Le Corbusier poblaron clínicas y oficinas. Alfaro Hofmann expone en la sala Fernán Gómez. CC de la Villa «Los electrodomésticos de nuestra vida», una selección de 200 objetos de su colección, que muestra la evolución tecnológica del electrodoméstico desde principios del siglo XX, a través de las piezas más significativas de la «cultura industrial». Una visita a nuestra historia cotidiana reciente entre frigoríficos, cocinas, batidoras Berrens, lavadoras Miele, aspiradores AEG y teléfonos Ericsson. Diseño, nostalgia y arte en los objetos que han decorado nuestras vidas.