Las empresarias que han puesto Baleares en pie de guerra contra los 'països catalans'

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Úrsula Mascaró estaba una noche cenando con un amigo traumatólogo, gallego, instalado en Menorca desde hace muchos años. La conversación derivó hacia un tema que cada vez ocupa más espacio en las sobremesas baleares. “Él estaba indignado por el desastre que va a ser la imposición del catalán como requisito para todo el personal sanitario. Yo le insistí en que tenían que movilizarse para frenarlo. Y como vi que no tenía claro cómo hacerlo, decidí ponerme yo”.

Esa misma semana idearon un eslogan en tres idiomas (‘Mos Movem! En Marcha! Let´s go!‘) y prepararon las primeras reuniones. Acabaron convocando una manifestación en contra de lo que se bautizó como a llamar el ‘requisitazo‘: la obligación de sacar un examen de catalán para poder opositar a un puesto sanitario en Baleares. “Lo hicimos pensando que no iría mucha gente porque en Menorca es muy difícil que haya movilizaciones. Pero al final juntamos a casi 4.000 personas en Mahón. Lo nunca visto. La gente alucinaba. No se lo podían creer”.

Mascaró es una de las caras más conocidas de Menorca: natural de Ferreries, diseñadora y propietaria de una marca de zapatos que en los últimos años ha calzado a Angelina Jolie, Penélope Cruz, Paris Hilton o la reina Letizia. No oculta que la movilización ha estallado con tanta intensidad porque trae mar de fondo. “Lo de la sanidad es una gota más. Hace ya mucho tiempo que aquí estamos viviendo una invasión del ‘procés’, como si llegase un brazo de lo que pasa allí. Después de ver lo que ha pasado en Cataluña estos meses, da pánico”.

Mascaró tiene cerca de 100 tiendas propias en todo el mundo, de las cuales siete están en Barcelona. “Allí ya le he visto las orejas al lobo, la ruina que supone aquello. Besamos el barro en otoño: un 60% menos de venta y 21 empleadas con los brazos cruzados. Vemos cada día cómo el pancatalanismo quiere apropiarse también de Baleares y la mayoría de nosotros no queremos pasar por lo que han pasado allí. Queremos que nos dejen en paz. Aquí somos gente muy tranquila y tienen que tocarnos mucho las narices para que salgamos a manifestarnos. Pero lo han conseguido”.

Manifestación contra el 'requisitazo' en Mahón.

Varios partidos políticos, dice Mascaró, empezaron a acercarse al movimiento, pero ellos optaron por mantenerlo como una iniciativa civil. “La verdad es que no quiero saber nada de ellos. Si hiciesen bien su trabajo, yo me podría dedicar a hacer mis zapatitos”. Al ver la respuesta de los menorquines, Mascaró viajó a Mallorca para extender el movimiento por el resto de las islas. Allí conoció en persona a Manuela Cañadas, catalana de nacimiento, viuda de un militar fallecido en Afganistán y empresaria del sector inmobiliario. “Enseguida empecé a seguir el movimiento en redes y le mandé un mensaje a Úrsula, que montó una reunión a la que acudimos 25 personas. Me eligieron como portavoz, pero soy una más. Lo que empezó como una ola en Menorca se ha convertido en un tsunami ya”, explica Cañadas por teléfono.

‘Requisitazo’ pasado por agua

La movilización ciudadana, sumada al plantón de varios sindicatos, ha acabado obligando al Govern balear a rectificar. Su plan inicial, el citado ‘requisitazo’, era exigir a todos los nuevos opositores del sector un nivel de catalán (examen B2 para médicos y enfermeras y B1 para auxiliares). Esto, en la práctica, hubiera dejado fuera de juego a todos los candidatos que no pudiesen acreditar sus conocimientos lingüísticos con un título oficial, algo que no ocurre ni siquiera en Cataluña. Detrás de la propuesta está la mano de Més, partido minoritario, pancatalanista, que consiguió 59.069 votos en las autonómicas (el 13,8% del total) pero que gobierna en coalición con el PSIB-PSOE de la presidenta Francina Armengol y marca buena parte de su agenda.

Según explican a El Confidencial fuentes del Servicio de Salud balear, el nuevo borrador del decreto, ya modificado, contempla que el catalán siga siendo mérito en lugar de requisito. Pero solo de entrada, ya que quienes consigan plaza dispondrán después de dos años para acreditar el nivel B2 exigido. Si no lo hacen, tampoco perderán su trabajo, pero quedarán fuera de juego para promociones y traslados dentro de Baleares. “En realidad se les está pidiendo un nivel básico que solo acredita la comprensión de la lengua. Se trata de garantizar el derecho de los baleares a ser atendidos en una de sus dos lenguas oficiales. Es lógico que quien venga a trabajar aquí se interese por el idioma local”, insiste el director de Recursos Humanos, Gabriel Lladó. “Un 60% de la mesa sectorial”, subraya, “ha votado a favor del decreto” tras su modificación.

Manifestación en Mahón.

La plataforma ciudadana que encabezan Mascaró y Cañadas sigue oponiéndose al ‘requisitazo’ a pesar de las modificaciones, una postura que también comparten dos de los seis sindicatos de la mesa sectorial. “Es que no es una rectificación, como intentan hacernos creer. Solo lo están maquillando”, se queja Miguel Lázaro, turolense, presidente del Sindicato Médico de Baleares (Simebal), el mayoritario entre los médicos.

De las 7.000 quejas que hubo en 2017, insiste, solo cinco hicieron referencia al uso del catalán y dos al del castellano. “Es un problema inventado, creado por los políticos y que no tiene nada que ver con las reclamaciones de los usuarios”, comenta Lázaro. “Se llegaron a oponer hasta ocho gerentes de hospitales por carta, porque es una locura. No nos oponemos al catalán, sería absurdo oponerse a un idioma, que es algo que suma. Y nos parece bien que sea un mérito, para fomentarlo. Pero nos interesa más el servicio sanitario que la agenda nacionalista. Tenemos un problema enorme para atraer y consolidar personal médico y el ‘requisitazo’ lo haría todavía más difícil porque la mayoría del personal sanitario de Baleares llega de otras comunidades autónomas”.

Uno de los principales problemas del sistema sanitario balear es que durante los meses de verano se multiplica la población de las islas y hacen falta más enfermeras, más médicos… “Hace falta más de todo y es difícil traer gente de fuera porque además el alquiler es carísimo. En sitios como Ibiza ya hay problemas gigantescos por este tema y, la verdad, hace más falta personal cualificado en inglés que en catalán. En lugar de resolver esos problemas, estas políticas los agravan exigiendo unos requisitos que van a ahuyentar y dejar fuera de juego a muchos profesionales”.

En Ibiza, asegura Lázaro, el personal sanitario que dispone de la acreditación lingüística no pasa del 25%. “Y en Mallorca son el 35%, pero a pesar de eso no hay ningún problema. Todo el personal lo acaba entendiendo sin problemas enseguida”. Desde el Servicio de Salud balear responden que la “normalización” lingüística es necesaria y que, de hecho, está funcionando. “Hace 25 años ningún médico atendía en catalán porque venían de fuera. Esos mismos doctores ahora lo entienden perfectamente y muchos lo hablan. Son necesarias políticas para fomentar la lengua”, comentan.

Incluso médicos nacidos y formados en Baleares que utilizan el catalán como lengua vehicular (tanto en el trabajo como en casa) se manifiestan en contra del decreto. “A mí no me afecta directamente, pero es que me parece una chorrada. Incluso sin ser un requisito, que tenga tanto peso como mérito en la oposición me parece mal. Ahora mismo da más puntos el catalán que hacer una tesis. A los estudiantes yo les recomiendo estudiar catalán antes que un máster si quieren plaza aquí. Eso no puede ser. Tengo compañeros, gente muy válida y con un carrerón, que pueden elegir dónde trabajar. ¿Van a venir aquí si les ponemos trabas? Es un escollo más en un territorio que tiene un déficit importante por su insularidad, por los precios del alquiler y por muchas cosas”, se queja una doctora nacida en la isla que además ejerció varios años en Barcelona.